lunes 14 de septiembre de 2009

Unipersonal: Mi amor, ese amor, algo de amor. El jodido amor y ya.

He decididoen un arranque imprudente dada mi naturaleza esquiva a mostrar detalles— escribir para responder ciertas interrogantes sobre temas comunes a las que me he mostrado un tanto escurridizo o reacio a proponer de manera “unipersonal”; no estoy bajo los efectos de algún trago alcohólico, ni herido por algún golpe sentimental, ni en trance al sueño, debo advertir.


Inicio con “El Amor”, pero esta vez el amor a una chica (en mi caso), a una pareja. Ese amor que se quiere, que se desea, que se disfruta, que se necesita cerca o a veces se prefiere de lejos, y que en otros ratos —según la condición nostálgica o fisiológica en el tiempo— se los requiere al momento en que se los llama (al teléfono, o por la vía más rápida y segura). Cada quien puede sacar sus conclusiones o enviarme un e-mail, con comentarios, explicaciones, o con sus críticas más ácidas. Bienvenidas todas.


He agrupado el tema después de recordar algunas de las preguntas frecuentes: ¿Alguna vez me he enamorado? ¿Cómo se siente el amor? ¿Cómo se sabe si se está enamorado? ¿Qué es el amor?


Antes consideren que no soy un experto en el tema y que cualquier palabra que diga no puede ser considerada bajo ningún término un consejo digno de seguirse ni mucho menos una conclusión final. Trata de un enamoramiento de pareja ya en edad (mental sobre todo) para saber llevar las cosas responsablemente —aunque suene difícil e imposible pero concordando en que es lo ideal—, no del amor de chiquillos de colegio, no del amor hacia tu mamá, ni a la abuelita, ni a la profesora joven y fastidiosamente casada. También incluiré de manera no muy exacta y además muy corta por ahora— al “casi amor”, a esa chica que pudiendo ser no fue por mil motivos de los cuales novecientos noventa fueron míos, pero que luego de pasado un tiempo al ver más tranquilo las cosas y recordando todo lo vivido (teniendo en cuenta lo duro que soy para escoger a la chica que llevo de la mano), merece incluirse. Excluyo a la amiga que siempre me insinuó muy sutilmente — ¡Hasta cuando te voy a esperar como cojuda weón, tu nada más me quieres para otras cosas! ¡Cuándo te decides!—, a la chica que siempre fue muy buena amiga que la quise y la sigo queriendo de esa forma y no vale pasar la raya. Ese tema para otro “unipersonal” también. Teniendo esa advertencia como inicio, pueden darle “click” a continuar. O continúen leyendo nomás.


¿Estuve enamorado alguna vez? Pensé estarlo. Aun hoy quisiera creer que sí, eso me quitaría cierto peso de encima de creer o que algunas personas imaginen que nunca lo estuve y siempre estoy tan frío. Ya pues, diré que sí, estuve enamorado algunas pocas ocasiones en diferentes grados.


Es amor, o resulta de él, hacer un libro a mano para una chica luego de haberlo planeado más de un mes. De haber escrito cientos de canciones y agruparlas tal como una historia, para luego recordar mis días de colegio en la clase de miscelánea y construir poco a poco mi regalo hasta quedar con las manos cubiertas de pegamento. O quizá llegar el día menos pensado y borrarle de un beso inmenso las lágrimas que derramó por algún problema tonto, que no ocasioné. Viajar más de doce horas y no dormir en ninguna porque el señor de al lado producía ronquidos al por mayor, para estar de pie y tomarla de la mano bailando toda la madrugada sin parar. Inventar una historia entre los dos que haga que todo el mundo se confunda pensando en que ya no estamos y verla en sitios secretos y solitarios a donde llegamos tal cuales espías que se comunican por notitas y señales casi invisibles. Llegar a la playa y salir a su lado en el mar cuando no me veía en varios días. Cantarle al oído canciones que hubiese deseado fuesen mías y también regalarle mis letras en otras para decirle que no me importa si alguna vez el mundo decide que nuestras vidas no acabarán juntas pero que esos minutos solo será mía. Bailar otras tantas que a pesar de su ritmo de moda resultan “rochosas” e irreproducibles. Las noches con estrellas y luna llena mostrándole e inventándole constelaciones, y poniéndoles nombres para robárselos a algún científico observador. Los días con arena en los pies que llevábamos hasta la casita de playa para hacernos al final un castillito para un rey y su princesa. El cielo anaranjado bajando a dormir y nosotros preparándonos para hacer lo mismo. Los helados que utilizamos como bolas de nieve para lanzarnos y luego lamer nuestros dulces labios de chocolate, lúcuma o menta…


Parece ser lo que llamamos amor; situaciones diversas en tiempos y espacios que no se conocen entre sí, cada una un mundo distinto, y solo puedo revelar unas poquitas y las menos complicadas —todavía me guardo las cosas para mis adentros—, las que se pueden parecer a lo que cualquier otro chico de mi edad podría haber hecho y que puedan esclarecer las preguntas.


¿Me quiero enamorar? , pero sin pensarlo, sin planearlo, sin esperarlo, sin tener limitaciones ni semi-libertades, sin incongruencias. Sin mentiras. Como cuando se tiene quince años, casi inocente, pero con lo aprendido hasta donde estoy. Siendo cada quien como es, no creyendo en la fusión ni en la unidad de cuerpos y mucho menos de mentes, esa es la parte que menos me gusta del discurso del sacerdote cuando las parejas se casan y lo he escuchado varias veces estos últimos años ¿Podría enamorarme de alguien a quien ya conozco? Si no cerré las puertas a alguien se puede. Pero libre, concertado, divertido, abrigado. Creo que aquí entran esos “casi amores”, a los que por razones propias no dejé que vayan más allá de mi coraza, pero que al mismo tiempo no les robé su libertad, o al menos eso intenté, lo que hace posible un acercamiento.


¿El amor regresa? Puede ser, pero no creo que llegue a ser el mismo de ser el caso. Todo cambia y creo que el amor no está libre de eso, porque las personas no somos las mismas en el tiempo, todo evoluciona y quizá cuando hacemos que vuelva o aceptamos tal situación ya no es lo que deseamos o como lo recordábamos. A veces se confunde, porque se quiere a una ex, se la tiene presente y se la respeta, sabemos que es el cariño que está presente de una persona que nunca será una desconocida; pero ¿es amor eso? ¿Se ama a alguien porque tiene detalles muy buenos contigo aun luego de terminar la relación? ¿Se ama a alguien que te ayuda en el momento oportuno y lo sigue haciendo a pesar que pasó el tiempo y no se es pareja? ¿Se ama a alguien que es quien te escucha decir tus penas y nostalgias? O mejor, ¿eso es necesario para considerar que se ama a esa persona y que se debe volver a intentar? Regresar y no ser maduro para aceptar que en el tiempo de separación cada quien tuvo un mundo donde caminar y actuar libremente aprendiendo nuevas cosas, resulta trágico. No solo uno de los dos debe aceptarlo y no solo de la boca hacia afuera y allí está el verdadero trabajo, en el interior, en esa aceptación que muchas veces no se consigue en uno mismo.


El amor duele a veces. Y más si le acabas de dar el ramo de veinticuatro rosas rojas y blancas que tanto repitió que le gustaba, y ya no se tiene más que dos soles para el bus y son las diez de la noche, hace frío y hay pocas posibilidades de encontrar asientos libres o al menos ese transporte en poco tiempo de espera...


El amor arde. Y no precisamente por la pasión extrema que quisieras tener en la noche y a solas. Si no porque por dártela de muy valiente estuviste sin bloqueador toda la mañana y tarde en la playa, y ya siquiera echarse en la cama se hace todo un reto...


Algunas (pocas) chicas que me conocen de muy cerca, leerán y se extrañarán —más aun y con razón las que llamé, discúlpenme si el término resulta odioso, “casi amores”—. No lo he demostrado así de seguro. He sido poco menos que un “pata” aburrido y metido en sus propias cosas. Lo sé, debo confesar que siempre lo supe y que no me dio mucha pena eso, así lo decidí con errores, aciertos y daños futuros. La idea de compartir no me seduce hace algunos años. Y pido disculpas, porque no mostré como soy y lo que puedo ser estando enamorado, pero tampoco puedo ofrecer que algún día lo sabrán. No fue mi intención parecer el chico más lindo, aunque sé que unas poquitas chicas lo esperaban y aun hoy lo esperan.


El amor es por sobre todas las cosas un DON. Se da y se recibe libremente. Se ofrece sin pedir nada a cambio (lo de la pruebita del amor no está incluida, pídela con inteligencia y protección, es broma).


Ya conoceré al amor (conoceremos), o quizá ya lo he conocido y ni cuenta; siempre viene con rostro distinto, con cabellos largos o menos, rizados o lacios, oscuros o claros, con unos ojos que puedo leer pero que tienen misterios encerrados. Espero sea muy bella (por dentro y fuera), libre y transparente, que sea divertida, y que sepa tolerar la imaginación de alguien a quien le gusta escribir ficción.


**Versión "light", corta, resumida de un proyecto de publicación. Espero comentarios, cualquiera que fuesen.


jueves 3 de septiembre de 2009

Eduardo Gonzalez Viaña llega a Chepén


Eduardo Gonzalez Viaña llega a Chepén, y hay que escucharlo en persona que pocas veces se puede, y como bien conversábamos, pues a este escritor le gusta conversar. Su formación académica y experiencia en universidades le dan quizá ese trato amable y cercano con la juventud.


En días anteriores, con un sol radiante en Chepén, conocí a Carlos Chong (pintor y fotógrafo) y a Julia Wong (escritora), y fue una mañana formidable, la cercanía con personas que tienen el arte en las venas me hizo sentir muy a gusto; como dice Carlos, el artista sabe transmitir y debe llevar su arte tan a manera suya que sea como su alma. Razón no le falta. Y ahí me enteré del evento con Eduardo Gonzalez, ya que el editor de su último libro (que se realizó en Trujillo en Editorial El Parque) también llegó y nos contó muy contento su satisfacción por haber podido editar una obra al ilustre escritor.


Este martes 8 de Setiembre estará en su ciudad natal (que celebra otro año de la elevación a la categoría de Provincia)y quiere que lo acompañemos, allí estaremos queriendo aprender más. Siempre más.



Nota: Su web es
http://www.geocities.com/egonzalezviana/