lunes 14 de febrero de 2011

Un san volantín

¿Por qué hoy tengo que querer más a alguien? ¿Por qué hoy tengo que enviarle flores o comprarle un regalo? ¿Por qué hoy los hostales tienen mayor afluencia de público? No siento apego por las fechas y me he preguntado lo mismo, ¿por qué lo que deberíamos hacer cualquier día del año lo convertimos en una fecha comercial?

Está bien, no soy la persona más adecuada para responder, confieso que este día se convirtió en una especie de maldición. Solo una vez recuerdo haber estado con una chica celebrando el dichoso “San Valentín”, después de eso nada de nada. Para estos días ha sido lo mismo, peleas, separaciones o discusiones antes de llegar a la fecha, así que dejo la pregunta para cualquier otra persona, que pueda o quiera interesarse.


Lo más gracioso hasta hoy me sucedió hace algunos años. Es un relato real, de este “San Valentín”, que me he preguntado también, se llama así porque ¿será para valientes?





Había llegado a Lima luego de terminar la universidad para trabajar en una empresa y como el cambio en el ritmo de mis días había sido algo brusco, puse más atención al trabajo que a mis relaciones personales. Esto dio como resultado que en mi agenda personal no exista siquiera una amiga a quien llamar e invitar por lo menos a tomar un café. No reparé en la llegada de la fecha y hasta la tarde del mismo catorce de febrero no le di importancia.



Conforme iban pasando las horas la televisión me aburrió y mi teléfono celular estaba más silencioso que un día normal. En la misma casa vivía Juan, mi primo hermano, quien pasaba por un trance similar al haber discutido y terminado con su enamorada, quien además vivía en una ciudad distinta. Llegada la noche no teníamos ningún plan y Juan propuso salir.

—Bueno pues, si estamos solos, ¿algún par de chicas también deben estarlo hoy, no? ¿Por qué no vamos y damos una vuelta?— Me dijo muy serio y ya que estábamos en nada, pensé que no era una idea descabellada que era mejor que la que tenía planeada, quedarme a dormir temprano.

Inmediatamente partimos hacia Miraflores muy bien vestidos y perfumados. Llegamos al parque Kennedy que tenía más público que de costumbre. Paseamos conversando, mirando y riéndonos de aquellos ‘cursis’ que cargaban el ramo de rosas con el peluche de sus enamoradas mientras ellas pedían el postre que querían, o mejor dicho, lamentando y envidiando como todos iban en parejas y que también quisiéramos ser tan ‘cursis’ pero de a dos.



Hasta ese momento ya se nos habían acercado dos niños de esos que venden rosas ‘para la novia señor’ y esto hacía que se incremente la sensación que estábamos en un mal lugar, en un mal día, la carga sentimental de los recuerdos se ponía más pesada y no había novia para liberar la mente. Como no había más por hacer decidimos caminar por la avenida Larco hasta llegar a “Larcomar”, quizá las cosas mejorarían en esa búsqueda, hasta ese momento infructuosa de dos lindas chicas solitarias, algo así como ‘dos corazones partidos por la mitad buscando ser completados’, así se escuche mal. Al momento de llegar notamos aun más parejas, todas contentas y pegajosas. Muchos corazones rojos y flechados, más peluches, algunos ‘cupidos’ intentando dar en el blanco, rosas rojas y más rosas.



No puedo negar que a pesar que no era un buen momento dada nuestra condición, la noche estaba linda frente al mar, la brisa refrescaba y el paisaje estaba muy tranquilo, como para enamorarse… En eso se apareció la tercera niña con una rosa en la mano.



—Para que le compre a su pareja—. Pronunció tiernamente y entendimos el mensaje.



San Valentín de pronto se convirtió en un ‘volantín’ para Juan quien saltó y me dijo que me vaya más lejos, que estábamos sentados muy cerca.


— ¡Oye ‘huevón’, piensan que somos gays!—.



Había pensado lo mismo pero lo había tomado con más gracia quizá, el día era para parejas, todo tipo de parejas, y había que celebrarlo nada más. Pero a Juan no le agradó mucho la situación y cuando me di cuenta estaba llamándome, tal cual pareja posesiva, desde un taxi.

jueves 10 de febrero de 2011

Te recuperarás.


Estaba escribiendo con música de fondo, porque sentí ganas de hacerlo. No de los escritos que se supone tengo que hacer como terapia para luego destruirlos al día siguiente. Todo iba bien, hasta que me contaron que estás mal. Sé que nos distanciamos, que la vida es así y cada quién buscó un camino, encontró sentimientos confortantes. Al menos tú, porque por ahora sigo algo perdido en eso, no me dejo querer, dicen, y quizá sea cierto.


Me sentí triste de no poder estar cerca y cuidarte, aunque sea un poquito. No sé si estar tranquilo porque también sé que hay personas que te quieren mucho y te aman a tu lado, no lo sé porque aun no me han dicho que estarás bien, que podré verte sonriente, como antes. Como siempre.


Son muchos los meses que no hemos hablado, imagino que por alguna causa justificada. Es mucho tiempo igual y ya no tenemos la barrera de las heridas sentimentales. Te debo una taza de café para conversar.


Reza, me dijeron. Reza.


Te recuperarás, estoy (estamos) contigo.