sábado, 17 de abril de 2010

Un poco de arena

¿Sabes cuánto pesa una lata de arena? Mucho más de lo que alguna vez pensé.

Tengo los dedos adoloridos de solo cargar por unos metros el saco con la lata de arena que fui a comprar. Lata es la medida —Porque así se vende, cuesta un sol—, me dijo el señor que tiene la cantera, cerca del centro de esta pequeña ciudad que nació y creció sobre las arenas que tiene un cerro en su falda. Recuerdo que hace muchos años se podían ver, ahora ya no, muchas casitas, casi todas precarias, las tomaron y las utilizaron para hacer junto con el barro y el agua, paredes y más paredes.


Muchas personas trabajan cargando estas latas en las construcciones, los he visto durante años. Arena, arenilla, piedras, cemento, las mezclas, etc., lata por lata sobre sus hombros, bajo el sol, en la noche, de subida por una rampa improvisada. Ya voy sabiendo cuánto pesa una lata de arena, nunca es tarde para aprender.


Imaginé que una lata no era nada en peso —pedí de la más “finita”— y casi quedo plantado en el piso, por lo menos el saco donde me pusieron la arenita no se movió muchos centímetros. Decidí no mirar al señor que me la vendió, su sonrisa hubiese sido muy jocosa (y “rochosa” como decimos ahora), aunque debió saberlo desde que me vio llegar, mis fachas lo hicieron levantar la mirada y decir “es para el baño del gatito”. Lo cual era totalmente cierto.

Ahora “Nero”, quien no tiene idea cuánto puede pesar una lata de arena, podrá disponer de ella con completa tranquilidad. A solo un sol aunque en verdad valga más que eso.

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