viernes, 29 de octubre de 2010

Canciones de amor antes de dormir


Hace un par de horas quise salir a caminar por la calle a solas. Como no hay muchos lugares por donde pasear hice lo más fácil, fui a los que siempre voy y donde sé que puedo parar a distraerme un momento. Creo que desde hace unos días necesitaba hacerlo y me había faltado tiempo o ganas. Durante estas dos horas tomé aire y acompañé la vista con música romántica. Sí, de esa que las radios en provincias acompañan con un locutor de voz melancólica, que hace las veces de doctor o doctora corazón, en horarios nocturnos. Muchas veces he dicho que no me gustan esas canciones y es cierto, no las tengo en casa, no he comprado nunca un disco y ni siquiera sé el nombre de las acarameladas melodías. Pero ahí estaban porque muchas personas las esperan para terminar el día imaginando a su `media naranja’, no sé ni me interesa de qué forma, haciendo que esos programas tengan un buen número de público que hasta llama por teléfono y da sus opiniones sobre los miles de problemas que tienen los corazones aparte de los infartos.


Entonces el tiempo lo pasé entre letras de amor flotando alrededor y me he sentido contrariado. Será que esas canciones tienen un efecto inverso en mi o tal vez sea que su verdadero fin sea el de repartir nostalgia antes de dormir, así suene ingenua mi apreciación. La cuestión en sí es que me hicieron recordar errores, mis arrebatos, mis inconsciencias con algunas chicas, en tiempos que a veces parecen equivocados y desbocados desde una óptica actual, y también mis ganas de gritar de rabia porque no pude cumplir con alguna promesa; esas canciones hablaban de amor y yo decía ‘por qué ahora’ que no es buen momento, a pesar que sé que nunca he encontrado el espacio adecuado.


Y he pensado en todo lo que he dicho alguna vez (o varias ocasiones). En las cartas que no respondí. En los e-mail’s que sí y que solo fueron para romper, porque no podía hacerlo personalmente. Pero también he recordado las veces que fui en búsqueda de una chica y cuando ya estaba todo hecho dije que no, por causas que no pude contarles, pero que tienen que ver con enredos, con historias no terminadas. Fechas equivocadas de inicio, errores y más errores. ¿Me arrepiento o no?, he llegado a preguntarme. No lo he hecho, hasta hoy. Pero sí considero que hay unas cuantas personas a quienes les debo más que una disculpa.


Casi al terminar la noche decidí que ya eran demasiadas canciones cantadas en español con letras que me golpeaban una detrás de otra y emprendí el camino de regreso a casa, solo, como hace mucho tiempo. Aquellas letras y melodía seguían en mi mente a cada paso que daba hasta que pasé por la puerta de una discoteca de mala muerte. El ruido de la música ininteligible que hacían sonar cambió de golpe mi mente; los nuevos tiempos de ‘perreo’ esta vez salvaron la madrugada y así como recordé con la música suave y romántica las muchas veces que me equivoqué en el amor (si es que lo fue alguna vez), con aquella música estridente de letras sin sentido olvidé que hoy debía escribir para disculparme con alguien y me propuse dormir.

sábado, 9 de octubre de 2010

El tocadiscos como carrusel

Mi papá tenía un tocadiscos el cual utilizábamos como juguete cuando él no estaba en casa; poníamos varios carritos encima y los hacíamos dar vuelta como en un carrusel. Tantas veces lo hicimos sin saber que podía arruinarse que pronto ya no pudo hacer sonar esos grandes discos negros a los cuales no prestábamos importancia, sino solo otra vez para jugar lanzándolos, por lo que terminaron rayados. No recuerdo que papá nos haya regañado, tal vez pensó que era algo reparable, lo cierto es que esos discos desaparecieron con el tiempo y no se volvieron a tocar.


Como cualquier niño quise saber cómo funcionaba aquel aparato y un buen día empecé a manipular todos los botoncitos y palanquitas que tenía tal cual mesa de control de una nave espacial. Bajé una, subí otra, moví el dial, apreté un botón, luego el otro y nada. Mi hermano, más pequeño, miraba e intentaba también ayudar, pero nada de nada, habíamos arruinado el tocadiscos, no había forma de hacer que esos vinilos vuelvan a la vida.


Pero no nos quedamos quietos, todavía había una posibilidad de hacer funcionar el aparato, fuimos hasta el cuarto de nuestros papás y sacamos varias cajitas que guardaban en su tocador, corriendo llegamos hasta el tocadiscos e intentamos con los cassettes. Cuando pusimos los que papá siempre acostumbraba escuchar nos quedamos sentados, tranquilos, encandilados y no porque habíamos logrado hacer funcionar el aparato y estábamos escuchando música, era más que eso. Aquellos cassettes que un amigo le había regalado a papá y que los había traído desde USA tenían magia, los escuchamos uno por uno y todos los días. Fue el primer acercamiento que tuvimos con la música; Lennon había sido asesinado hace ya varios años, los Beatles seguían cautivando (siguen)...