miércoles, 20 de junio de 2007

Soledad Programada: Plazos que llegan a su final...



Solo. Otra vez. La misma piedra en el camino. Y el mismo error. Y es que no sé mentir. Y quizá tampoco diga bien la verdad.


Solo, pero esta vez no desperté de un mal sueño o con una llamada telefónica de esas que te hacen quebrar la voz, no. No estuve en dos ciudades en el mismo día, pasando del bonito día soleado a un triste y lúgubre atardecer, con gotas frías sobre mi rostro. No la vi a los ojos para leer en ellos sólo mentiras, ya no está más.


El frío está y lamento que algunas cosas sean de dos, que las recuerde con la misma sensación y me hagan saber que hay días tan malos en los cuales no importa si son sólo minutos o segundos en los que el mundo gira del lado contrario a como lo haz planeado, te deja tambaleando en el mismo sendero desorientado y son eternas las sensaciones - ¿Revoluciones o Involuciones? - que vienen a la mente. Esta vez no tienes posibilidades de llegar al final del camino. Nada te ayuda a no calmarte y dejar de estar mareado, tanto que no logras siquiera recordar el día anterior, ni imaginas lo que sucedió, ni sabes si es por algún error o culpa, si algo hiciste mal. No puedes avanzar en esa vía si la razón por la que la emprendiste se olvidó que era ella la que te llevaba de la mano.


No he podido esquivar este fragmento de mi vida hoy que escribo ya de madrugada, en otro de éstos tantos fines de semana sin calles, sin cines, ni pubs, ni discotecas limeñas. Cómo obviar los recuerdos de ilusiones rotas, de proyectos aceptados e incumplidos por la otra parte interesada (E inicialmente mucho más interesada). Terminé maldiciendo a una estrella fugaz. Me mintió. El deseo no se cumplió. O tal vez no me escuchó y fui muy duro e injusto con ella, no lo sé. No he podido interpretar mis sueños de la mejor manera todavía, siempre acaban en la escena del desenlace; deberé conformarme con saber que los sueños sólo tienen un tiempo de duración, prácticamente todos enlazados a manera de cuadros, de flashes, tal cual luces intermitentes y son mejores cuando no se recuerdan con detalles inquietantes o te hacen despertar deprimido, gris.


Casi creo que sigo sentado frente al computador tratando de liberar energías negativas, para evitar que se canalicen como pesadillas al poner mi cabeza sobre la almohada. Estoy cansado y tengo sueño, aún así. Quizá sea algo inconsciente. Explicaré en ese sentido el porqué de estas líneas y su contenido, estoy seguro que las que vienen tendrán el mismo matiz. Difícil no mezclar algunas situaciones. Entrarán y saldrán la soledad, el hoy, el ayer y el mañana, no conseguiré ordenar el tiempo y el espacio, tampoco a las actrices ni sus actos, no intentaré más. El sueño vendrá y no espero otra cosa que despertar solo y listo para seguir. Comenzar otra vez.


La soledad no es tan mala, cuando no te han obligado a adoptarla como régimen de vida o cuando tampoco haz obligado a alguien a adoptarla, lo cual sucede seguido en las relaciones y terminarlas resulta siendo una cuestión por demás difícil, quizá porque la convivencia, por nombrarla de alguna manera, te acostumbra a una misma rutina, que no es cosa sencilla olvidar, siquiera intentar cambiar y menos abandonar. En estos últimos tiempos he podido disfrutar de ella. Acariciarla y saber que me acompaña apreciando el paisaje cuando el sol se zambulle en el mar; saber que se acuesta conmigo en las noches y que puedo convencerla que ha sabido suplir a la luz de la luna en mis insomnes madrugadas; que a nadado en el mar y en la piscina a mi lado en los días con sol y calor de verano; me ha pedido que la abrace fuerte cuando las hojas de los árboles empiecen a caer y me ha hecho prometerle que volveremos siempre a ese mismo lugar en el norte del Perú donde está el más lindo atardecer. Lo cual no explica mi soledad programada. No digo que me guste la vida dándole evasivas a las miradas de aquella chica. La vida en pareja es distinta y necesaria en muchas etapas. La prefiero. No tengo discusión con eso. No explica estos meses de sólo conversar, ir al cine, de citas, besos, tragos y más acercamientos íntimos con ellas, pero sin el esperado “quiero que seas mi enamorada”. (Y luego reclamado y reprochado -¡Nunca quisiste estar conmigo! ¡Te demostré todo lo que querías! ¡Eres un maldito! ¿Por qué no me dijiste que no querías estar conmigo? ¡Yo no quiero solo salir! ¡No quiero volverte a ver en toda mi vida! Dime ¿Fui demasiado rápida?)


Esa es la otra cara de la moneda. Es querer estar solo, disfrutar de las cosas que antes dejaste de hacer por cumplir con el compromiso, liberar ciertas tensiones y proponerte concluir pequeños objetivos personales pospuestos y ver tu vida, nada más. Pero para una chica es distinto, no te cree y no lo comprende. Queremos estar solos y no hemos sabido mentir o no sabemos decir la verdad. La costumbre, derivada de alguna mala relación, nos hace parecer arrogantes, cuando es una cuota de egoísmo lo que en realidad encerramos. Es que en algunos momentos lo somos, no lo puedo negar, pero utilizamos esta excusa como un escudo de protección, de exclusión. Sin intención de herir.


Últimamente me he puesto a pensar qué tanto puede afectar este trance a situaciones futuras. Si en algún momento nos han dicho un rotundo “NO” cuando queríamos ligar con una chica y nos dolió hasta el orgullo, siendo considerados el sexo fuerte ¿Cómo lo toman las mujeres? ¿Lo que hago hoy y las tantas excusas (que ya hasta naturales me salen) me afectarán cuando el mundo dé la vuelta?
-No flaca, lo que pasa es que creo que todavía no estoy preparado. Mira seguro que me voy a arrepentir de esto en el futuro y estoy perdiendo a una linda chica, pero no quiero mentirte, no podría hacerte eso a ti que haz sido tan linda... Mira te prometo que serás la primera chica a quien vea cuando tenga mi vida clara, hoy no te conviene estar conmigo, eso te lo aseguro…


Y lo que suena muy común y muy mentiroso puede ser tan verdad, que molesta. Ella te mira a los ojos y se pueden leer algunas sutiles lisuras acompañadas con gestos orgullosos en algunas. Muy tristes, vidriosas y sentidas en otras. Pero es la misma chica a la que le dices que “NO” hoy, la que probablemente te dirá que “fuiste” en el futuro. Y ese es el asunto, ese es el miedo, la incertidumbre. El estar con una chica sin querer estar, el aceptar relaciones que ya desde el inicio tienen fecha de vencimiento. El rechazar, el quedar como un aprovechador y tramposo. No poder si quiera calcular las consecuencias de las decisiones de no saber mentir (piadosamente) en el momento, o, no saber organizar de manera veloz en la mente las palabras reales, para tan sólo descargar una batería de frases incoherentes – Es que flaca, compréndeme, no es el momento, sé que te besé y que estuve toda la noche diciéndote cosas bonitas al oído, pero no era porque quería que seamos pareja…Sólo sé que me gustas pero, no sé… Compréndeme - , frases traidoras y poco solidarias – La hemos pasado bien todo este tiempo, pero quedemos como amigos, puedes estar con quien tú desees, sabes que puedes vivir sin mi -, todas repetidas y adornadas – Eres la mujer más hermosa que he podido acariciar con mis manos, me arrepentiré de este día y no podré ver a la noche irse sin sentir vergüenza por haberte hecho sufrir. Ella te abraza, quizá te pide un último beso, solloza. Te maldice, se enrojece de furia y te manda a la mierda, pero igual te pide y acepta un abrazo. Y te vas. Tomas aire, miras adelante y luego te sorprendes de la cantidad sorprendente, pero pobres al fin, de recursos literarios que salieron de tu boca. Es cierto, en ese momento sonreímos solos. Aires arrogantes, de sorpresa, de alivio. No mentimos, no supimos expresar la verdad. También tenemos derecho a estar solos.


Ellas lo hacen comúnmente. Como por mandato supremo de la sociedad. En su caso no es extraño y lo aceptamos sin problemas. Decir “NO” se les hace fácil si es que les desagrada el tipo o si de repente lo único que desean es tener un amigo. Tengo muchas amigas (se sorprenderían saber el resultado de mis encuestas) que sólo quieren tener “amigos”. Ya no es cosa de otro mundo en los últimos tiempos. He escuchado de varias (casi todas) no querer casarse, ni tener siquiera un compromiso (todas). La igualdad por ese lado ha avanzado. A ninguna le tengo que recordar que su abuela no pensaba así, no les interesa. A ninguna le digo que es tarde o que es muy joven para algunas cosas, no me escuchan ni les importa. A ellas no les digo que por ahora soy ajeno al compromiso, ya lo saben, comparten lo mismo y lo celebran. Nunca dirían que me aman, no les creería. A ella la beso y dice que me quiere. Le creo. Acaricio su piel, recorro sus piernas, la toco, la arrincono a la pared, la desnudo lentamente y dice que me desea. Le creo. A la mañana despierta, me mira, sonríe y me pregunta si por la noche iremos al cine, le respondo que todo depende de la hora que salga del trabajo y de mi estado de ánimo. Me cree. Hago el intento de levantarme de la cama y ella me detiene. Me acuesto a su lado. Me mira fijamente sin inmutarse por nada y me pregunta sobre mi enamorada, le digo que estamos distanciados y que ahora somos amigos porque preferimos estar así, que de vez en cuando recordamos ciertos momentos, pero que no es lo mismo y los tiempos cambian. Me cree. La miro y le pregunto por el tipo con quién salía, me responde que igual, que no será su esposo, que quiere un tiempo para hacer sus cosas, que todavía es joven, que no le gusta que la presionen, que prefiere estar sola, que cada vez pelean más y por tonterías. Le creo. También he pasado por lo mismo.


Sé que he dicho innumerables veces que me encanta estar solo. Lo repito. Pero no he afirmado que lo prefiera como forma de vida. Me colgaré de una premisa, esa que todos sabemos – La globalización -, y que dice que el espacio y el tiempo son dos elementos que hoy sobran o faltan cada vez más dependiendo del ritmo de vida que se lleve, debido a la exigencia que exige el mundo – o tu propio mundo -, tal vez esa sea la excusa perfecta. Y lo cierto es que cuando estamos con una chica, tendemos a también disponer de su tiempo y espacio – ¡Es la globalización amor! ¡Apertura de mercados! ¡No pongas mas límites, ya no hay fronteras!- , así mismo al revés. De manera inconsciente salimos juntos porque así debe ser. Bebemos juntos porque es la mejor forma (Y así no tienen porqué preguntar desconfiadas al día siguiente el lugar donde pasamos la noche, o las personas que nos acompañaron); bailamos todas las canciones de la noche (Y más adentrada ésta y con unos tragos en encima hasta el reggaeton es una balada); caminamos (De la mano, ni pensar que uno al lado del otro, no podemos separarnos ni para ir al baño, cosa contraria denotaría una discusión anterior); vamos al gimnasio y sudamos juntos. Desayunamos, almorzamos – Amorcito, a ver… abre la boquita ¡Así me gusta bebé! - y cenamos – ¿Amor, te veo a la hora que sales, ya?– en lugarcitos que ya son “nuestros”. Estudiamos o trabajamos en el mismo lugar (Y esto no es muy recomendable a veces ¡Siempre!). Y marcamos el número de teléfono casi a la misma vez - ¡Amor, justo te estaba llamando! ¡Mira tú que sí podré ir a la fiesta de mi prima! ¿Me acompañarás este sábado, no?- Estamos de viaje y nos llamamos, saturamos el servicio de mensajes de texto. Gastamos una suma parecida al boleto de vuelta en tarjetas telefónicas, en el crédito del celular, en cualquier tipo de comunicación posible y en cualquier horario. Al mismo tiempo vamos olvidando aquellos momentos en los cuales íbamos (solos) con los amigos del barrio a divertirnos, o cuando conversábamos con aquella amiga o nos sentábamos en la arena a conversar de cualquier cosa y esa chica linda de los ojos claros nos decía que algún día volvería a escucharnos decir que nuestros mejores momentos se los regalábamos al mar.


Se aprende mucho luego de una temporada de soledad, y no dudo que volveré a tomarla en algún momento de mi vida si es necesaria. No es nada fácil decidirse a hacerlo. Y a veces tampoco se da en el mejor momento. ¿Por qué es necesaria? ¿Cuándo es el momento? No sé si hay una respuesta certera, pero creo que la decisión siempre debe ser personal, queriendo darse un espacio y no porque haya sucedido algo en nuestras vidas. Lamentablemente, no es así la mayoría de veces, así como iniciaba escribiendo sobre una etapa mala en mi vida, así decidía tomarme una temporada de soledad. Pero ya se siente el tiempo. Quiero saber si todavía recuerdo ser un “caballero” con una mujer, de esos que abren la puerta al salir de la casa y la cierran al entrar, de los que ponen a su chica del lado más cercano a la pared cuando caminan de la mano (Y no es para arrinconarla en sitios oscuros y en momentos calientes) y dejan el filo de la vereda para ellos (Y que esto no sea sólo por cuidarla de los conductores y mañosos que van por la pista. Aunque…), de los que atienden el celular a toda hora y no lo apagan cuando tienen trabajo (Y que no se piense mal cuando uno trabaja, es difícil contestarlo, más aún si…), de los que pagan la cuenta (Y esto en realidad no se extraña mucho hoy y el concepto muy bien fundamentado de igualdad de sexos debe abarcarlo), y que llaman al día siguiente de una madrugada excitante para saber qué tal día está pasando su chica (Preguntar por ella es un punto muy importante, se supone que dejas a “tu” chica de esa noche, en la puerta de su casa y la ves entrar antes de irte y la llamas para únicamente decirle que la pasaste muy bien y que es una chica espectacular. Si no lo haces, no pasará mucho tiempo y tu virilidad se verá disminuida como parte de algún chisme virulento, el cual te encogerá, de manera literal, más que el orgullo) y no para insinuarle recordar ciertos momentos porque la casa está “sola”, mucha diferencia entre un “affaire” y una mujer a la cual quieres en todo momento y te interesas por ella.


Seguiré siendo soltero hasta que llegues. No me desespero por encontrar el rostro que transita en mis pensamientos. Si he utilizado esta etapa para conseguir determinados objetivos personales, lo ha sido, además, para aprender en el camino y admirar con detenimiento sus más simples detalles. Y así, en un futuro no muy lejano, darme también el tiempo para esa mujer. Dejar atrás estos “encuentros”. Empezar otra etapa, como antes, no tener en mente la palabra “fin”, no pensar en plazos. Extrañar los momentos bonitos y tranquilos de compañía. Las miradas de pasión, de amor, de complicidad. Llenar de notas, canciones, frases, cartas y mil cachivaches más mi cuarto y no tener que preparar un plan de limpieza si algo sale mal. El cabello y la fragancia de esa mujer, sus ojos y sus labios. Su voz, no sólo diciendo que me quiere, no tan sólo diciendo que me desea. Más que eso. Repitiéndome que me quiere, que me desea y sintiendo que es real. Repitiendo sus caricias en verano, en invierno, en primavera y en un otoño frío y húmedo. Sin pensar en el tiempo que se acaba y en el espacio que se amplia o que se acorta y aprisiona. Aprendiendo, otra vez, a admirarla y que me admire. Saber cuando es un “si” o un “no” con verla a los ojos, saber si está enojada con escuchar el timbre de su voz.


Solo, en un helado y húmedo otoño limeño, dando bocanadas en el aire frío con mi aliento, pensando en la inminente finalización del plazo de esta soledad programada. La misma piedra en el camino, que te detiene pero te sirve de señal para avizorar el horizonte y analizar mejor el camino. Solo, en un helado y húmedo otoño limeño, sonriéndole a mis recuerdos sean malos o sean buenos, deseándole lo mejor y pidiéndole que no atraviese el umbral de mis sueños. El mismo error, tal vez necesario, en un helado y húmedo otoño limeño, decidir otra vez la soledad y mirarte de lejos por causas justas pero sin atender a mis sentimientos. No sé bien quién eres, no te he podido responder en mis sueños, no he sido el mismo de antes, sé que imaginarás que te pretendo y que hablo de ti aquí. Y es que no sé mentir o será que tampoco diga bien la verdad.

5 comentarios:

Raulín Raulón... dijo...

Vacaciones útiles, imprescindibles para aprender, pero pueden ser demasiado peligrosas. La extrema razón lleva al desequilibrio.

¿Sabes? Es algo muy peligroso que una chica del que uno no está enamorado se enamore de uno, a partir de entonces, el futuro puede tambalear.

Sol dijo...

La soledad es un divino rincon donde vivo siempre para cargar mis baterias. No todos la entienden, y es verdad que a veces es una cruz, pero que dulce es cuando es mar.
Me gusto tu relato, espero que sigas escribiendo para seguir leyendote.
Beso,

Cae M. León dijo...

Es cierto sol, muy buena opción para detenerte, mirarte, alzar la vista otra vez, y caminar... Con arena en los pies, con un lindo atardecer... Con lluvia a veces, sin lograr que se acepte la decisión... Pero sabiendo que se eligió por algo, por alguien, por nosotros mismos... Gracias por comentar, ya tendré tiempo para escribir más...

Anónimo dijo...

Estuve en google intentando que alguien que "algo" me hablara sobre la soledad y me encontré con tu blog. Debes comprender que no lo he leído todo pero me interese mucho en éste post. Quiero entender porque a pesar de que llevo casi ya 5 años sola, siento que a la vez no es así, que he vivido con recuerdos de toda índole, perturbadores, abrumadores, dolorosos y recordando a diario que deje a la persona que mas amaba porque ésta tenía que viajar a otro país. Me pidió que siguieramos juntos a pesar de que se iría pero sabía que era imposible aunque muy prometedor. Quiero programar mi soledad Carlos, ¿qué debo hacer? Si se que la programaré en contra del tiempo, de la distancia, e incluso en contra del amor. ¿Qué hacer?

Carlos Enrique dijo...

Es difícil todo el asunto de programar la soledad, lo he comprendido con el tiempo, pero también he llegado a saber que es cuestión de tener la DECISIÓN. De ahí empiezas y le das con toda el alma a acuparte de tu vida. Con el tiempo te das cuenta que hay mucho más cosas en la vida que la relación con otra persona (no digo que no es importante) y empiezas a ver que puedes crecer personalmente. Cuando uno quiere vivir bien debe empezar viviendo uno mismo y saberse entender y conocer. Luego las cosas por sí solas vienen. Hay una frase que está por ahí dando vueltas "Si es para tí volverá"...

NO es fácil, pero decide y verás. Y uno nunca está solo del todo, hay que abrir el alma y saber que hay mucho fuera de nosotros que todavía podemos conquistar.

Saludos, gracias por comentar.

Carlos E.