viernes, 18 de mayo de 2007

Noche con Genes Orientales

No he tenido mucho contacto con una parte de mi familia y me he dado cuenta de eso, he estado conciente de esa carencia, descuido, falta de interés o error, llámese como sea, no pondré excusas. Hasta ayer que en minutos encontré una vía perdida. Sí, más de 20 años han pasado y bueno, rasgos notorios no han sido motivo para detenerme y pensar un momento o interesarme por el tema, así me guste el Chifa (aunque no el arroz chaufa) o me atraigan, a veces, las chicas con motivos orientales. Noche distinta, peculiar. Encuentro con una parte olvidada de mis genes que, a mi parecer, siempre llama en la conciencia, en las costumbres, en los actos involuntarios e imperceptibles a veces, pero que permanecen, no se van ¿Y cómo pues? El ADN no miente, 99% de probabilidades de acierto bastan. No voy a negarlo.

Fui hasta la casa de mis abuelos paternos, que por causas históricos-familiares, y de distancia, no han estado cerca de mi entorno a lo largo de toda mi vida, salvo por fugaces momentos. Celebraban un aniversario más de bodas, que por motivo también familiar, y por directa implicancia con mi padre, no daré a conocer de manera exacta en cantidad de tiempo. La cuestión, y lo realmente importante de esta noche, de la cual no tenía mucha devoción para asistir debido al cansancio del trabajo - Y ¡Oh! Díganme si no llaman los genes-, era el encuentro con esa parte oriental, con sabor a cebolla china, a tausí o a mensí. Para menguar ese cansancio y el desgano como tomando un relajante té de jazmín.
Llegué temprano, una costumbre muy buena a decir de muchos, rescatada en mi últimamente, pero poco aplaudida si se lleva pareja a alguna reunión, y la mayoría de invitados, como es la verdadera tradición, llega casi 2 horas después. Saludé a todos, de uno en uno, entre broma y broma, con las felicitaciones incluidas, y también a una señora pequeñita pero dueña de un gran sentido del humor, una sonrisa apacible y trato familiar - lo que daba una sensación de cercanía-, de afecto que irradiaba felicidad y juventud, muy a distancia de los 80 años que comentó tener. Nunca la había visto en mi vida, no estoy seguro si ella a mi, pero parecía que era una tía de toda la vida. Dada mi poca costumbre de ser cariñoso y la poca habilidad de utilizar el abrazo como manera de explicarlo, resultaba extraño que mi cuerpo se inclinase un poco y la ponga entre mis brazos al saludarla.
La conversación se extendió un poco en casa antes de salir hacia Miraflores, donde se nos había reservado una mesa a los invitados que disfrutaríamos de un show de música criolla. Y entre muchas de las cosas que logro recordar – Y cómo no, si serían tan extrañas luego de tanto tiempo- están unas frases, de aquella tía - porque claro, luego de aquel abrazo y de la sensación tan acogedora, no cabía duda que éramos familia, se trataba de una prima de mi abuela-, que decían algo así: "Los Mau nunca podemos agachar la cabeza, no podemos descansar, ni estando viejos, nunca en esta vida se podrá encontrar a un Mau derrotado ni fracasado que no pueda ni levantar los pies para caminar". Contundente. Con una excelente fortaleza y alegría, miraba a mi padre, quien desde que nació fue uno de sus preferidos, por ser el primogénito.
Me interesé por aquellas frases, puse atención y volví a mirarla. Entonces relató, recordando a sus hermanos y primos, que ellos habían sido requeridos en algún momento para ir a la China luego de lograr sus respectivas profesiones de abogado y contador. En esos lejanos tiempos, una figura poderosa de la China, mantenía correspondencia fluida con quién vendría a ser mi tío tatarabuelo. Pero esto no llego a suceder, y estos tíos no quisieron seguir con esos planes, al parecer por razones ideológicas, luego las cosas cambiaron, aquel personaje influyente, supongo yo falleció, y la relación terminó.
La noche pasó, regresamos cada quien a casa, y hoy me senté frente al computador en la oficina para saber más sobre esa parte de mi vida. Encontré en una página web unas frases casi exactas a lo dicho por mi tía - ¿Tengo derecho a llamarla así no?-, y eran algo así: "La acción no debe ser una reacción sino una creación". "Luchar, fracasar. Volver a luchar, fracasar de nuevo. Otra vez volver a luchar. Y así, hasta la victoria".
Papá y mamá ¡Aquellos nietos que tendrán!... La nueva generación será china, al menos infiero que es lo más probable. Resalto lo que digo a manera personal, por lo que se dice sobre la quinta generación en los descendientes chinos -¡Qué salen más chinos!-, aunque también sea recurrente leer en los diarios y escuchar en los especialistas, sobre el futuro positivo y grandioso que puede tener la economía oriental.

No todo quedó en aquella noche, para bien o para mal, algo muy interesante y necesario para conocer mis raíces, es como encontrar cierto vínculo lógico, y reconocer el llamado o el saludo con un grito o expresión tan común como la de “¡Chino!”, todo sin fruncir el ceño. Sí, esa noche fue distinta, no solo fue develar algún lado más, y eso si, desligo totalmente el pensamiento y filosofía que desencadena todo esto, no podría, nunca conocí a fondo aquella. Para mi sólo fue la noche en la cual supe que soy un sobrino-tataranieto de Mao Tse-Tung.



1 comentario:

Patricia Castro Obando dijo...

Hola! Sorpresa!
He podido leer tu maravillosa historia porque estoy en Macao por unos dias donde no esta bloqueado el internet. Valio la pena esperar. Un abrazo desde Macao. Patricia