domingo, 27 de noviembre de 2011

Partida sin aviso.


— ¡Quédate y en la noche salimos que hoy estoy ‘guapísimo’! — Me dijo como tantas otras veces. El ‘chino’ era de los amigos que admiraba por siempre tener una sonrisa en el rostro que reflejaba una vida sin preocupaciones. Supuse siempre que tenía mucho que ver su origen, ‘en Iquitos salimos cuando sea, a la hora que sea y hay amigos y amigas para hacer una fiesta’, recuerdo que contó alguna vez. Nunca dudamos de eso, él era quien animaba y estaba listo para cualquier ocasión. Mientras todos estábamos preocupados por los exámenes que venían, él podía encontrar la broma y la risa perfecta para cambiar un ambiente tenso.
 

—Solo vine de pasada, viajo hoy mismo, pero podemos quedar para un fin de semana salir con la gente de la ‘promo’, hace tiempo que no nos juntamos —Le respondí, pensando en las muchas cosas que tenía por hacer, en las situaciones por resolver que me dejaban poco espacio para desear diversión. En fin, como antes era yo quien estaba preocupado por lo que iba a hacer y el ‘chino’ estaba súper distendido y esperando que llegue la noche para ver qué podía haber para pasar un buen rato con los amigos.


—Ya pues, pero igual voy a ir a una feria que hay cerca de donde estás viviendo, a ver si ahí nos vemos para tomarnos unas cuantas ‘chelas’, ya no falta mucho, estaré el día central—.


—Claro, seguro voy. Ahí sí, tiempo tenemos de sobra al fin y al cabo, ¿no? —Seguimos conversando mientras almorzábamos, yo tratando de no pensar en que tenía que viajar en unas horas para resolver asuntos personales, de esos de a dos pero en los que intervienen más de tres, y que los días siguientes iban a estar difíciles; el ‘chino’, muy relajado contándome que había renunciado a su trabajo y se había dado vacaciones por unas semanas, ‘porque hay que darle distracción y descanso a la mente’. Todo con ese acento ‘charapo’ característico que le ponía el cartel de divertido, relajado y buena gente. Ese día nos habíamos encontrado por casualidad en un centro comercial, su voz era inconfundible, me llamó desde varios metros de distancia, y en ese momento recordé que el amigo con quien más había coincidido los últimos tiempos luego de la graduación había sido él y que en cada ocasión me había dado un número de teléfono celular distinto, ‘es que sabes que hay que cambiar de modelo según como avanza la tecnología’. Me tendrás que llamar para acordar, le dije cuando apuntó mi número en una servilleta.

Avanzada la tarde, luego de conversar y reír con las anécdotas de los amigos, fuimos a ver una película que estaba en estreno, más porque insistí en mi búsqueda de relax que porque fuese algo que quisiéramos hacer. El ‘chino’, en short deportivo y con ‘El Comercio’ bajo el brazo —que dejó sobre la mesa donde almorzamos porque solo quería la revista ‘Somos’, ya que la sección de empleos podía esperar otro día más—,  fiel a su estilo olvidó todo lo que tenía que hacer para pasar el tiempo con un amigo, por reír y hacerlo reír. En este momento diré que mis anteriores viajes a Trujillo habían sido experiencias desastrosas y esos días no eran los mejores, no hubo mejor persona para encontrar, me dije al regresar por la noche en el bus.


Días después chateando en el Messenger quedamos en vernos en la feria patronal de la que habíamos hablado, pero nunca llegó, no nos vimos. Era diciembre y entre todas las reuniones y fiestas que hay para esas fechas el tiempo pasó rápido entre una y otra cosa. Luego el verano obligó a estar en la playa, con menos atención en internet,  y dejé que el Facebook  me ayude con la tarea de hacerme recordar las fechas de los cumpleaños de los amigos. Entre ellos la del ‘chino’ en febrero, y le dejé un saludo publicado en su muro, ya que no lo encontraba en el chat, ni para navidad, menos en año nuevo. ‘Deben estar buenas’, imaginé.


Una noche, días después y con un clima coincidentemente tenso a nivel personal, recibí una llamada. Era un amigo de la universidad que me decía que ya no podíamos reunirnos como antes, que también había esperado la llamada del ‘chino’ para oírle decir que por su cumpleaños estaría ‘guapísimo’ y que habría fiesta, desde días antes y hasta días después como en Iquitos. Y que bailaríamos y terminaríamos ‘bo-o-rra-chitos’. Me dijo que todo se había cancelado desde diciembre y que tan solo leyendo el mismo muro del Facebook donde habíamos publicado el saludo de cumpleaños nos habríamos enterado que el ‘chino’ se había ido muy lejos. Pero que esta vez no volvería para hacernos reír, para animarnos la fiesta, para alegrarnos cuando todo parecía difícil. Mucho menos para hacerme cambiar de clima.


Y no lo puedo creer hasta hoy, he regresado a Trujillo recientemente y he volteado varias veces a mirar por si estás por allí, relajado, sonriendo. He deseado que nos encontremos para que quedemos en reunirnos para ir a divertirnos con los amigos. He deseado escuchar esa voz alegre de acento ‘selvático’ llamándome desde lejos. Pero ahora sé que tiempo no hay para todo y tampoco de sobra.

Q.E.P.D "Chino".

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