lunes, 22 de agosto de 2011

Entrevista a la poeta Karina Varcárcel


Karina Varcárcel es una joven poeta que nos acompañará en esta segunda edición del Festival de poesía en Chepén. Tiene dos publicaciones, una de ellas "Poemas cotidianos" (Casatomada, 2008) y la otra a quien puso el curioso nombre de "Una Mancha en el Colchón" (LustraEditores, 2010).

Accedió a pasar la entrevista que hice por correo electrónico y aquí tenemos el resultado, ¡atentos!:



Cae: ¿Qué recuerdas de los días del colegio, con ese tipo de enseñanza solo para memorizar (en mi caso) y de las clases de literatura en especial?
Karina: Recuerdo que no me gustaba leer los títulos propuestos en las aulas. Para mí eran bodoques incomprensibles, ideales para matar ratones, nada interesantes. No le puedes pedir a una niña de sexto de primaria que lea La Iliada y lo disfrute. Recuerdo además que escogía mis propias lecturas y en base a eso presentaba los informes para el colegio. Desde ya me gustaba escribir, pero intentaba cuentos y no poemas, en el colegio ciertamente te enseñan a paporretearte un poema pero no hacen énfasis en que el alumno comprenda el texto o cree los propios.



Cae: ¿Qué te gustó y qué no de esa enseñanza?
Karina: No lo sé, en ese momento creo que pocos niños reflexionan sobre la calidad de enseñanza. Esa es una tarea de los padres. A mí me gustaba ir al colegio, nunca me tiré la pera.



Cae: ¿Recuerdas algún poema que te encantara cuando eras niña?
Karina: Claro, “Sonatina” (mi madre me la leía de un libro de pasta verde llamado "Cortaviento" donde también venía el poema en forma de pájaro de Eielson y algunas adivinanzas de Arturo Corcuera) y “La niña de la lámpara azul”.


Cae: ¿Desde cuándo es que te nace la pasión por la poesía?
Karina: Escribí poesía desde la época escolar. Me gustaba leer (libros escogidos por mi ya lo dije) y dibujar, a veces para acompañar el dibujo escribía algunas líneas. Supongo que eso inició todo. Los primeros textos creados fueron cuento. Creo que es poco probable que alguien empiece a escribir poesía como primera opción, ya que como público estamos más familiarizados a la narrativa, desde chiquitos nos leen cuentos de hadas, pocos padres compran o leen libros de poesía a sus hijos.


Cae: Y en ese camino, cuéntanos cómo fueron tus inicios escribiendo.
Karina: No sé, no tengo muy claro cuál fue el inicio. Creo que tengo muy marcada la sensación de los quince años y desde ahí cuento generalmente. Escribía de forma compulsiva, sin tener mucha conciencia de lo escrito. Ahora es distinto, escribo mucho menos, reviso mucho más y extraño el estado de antena parabólica.


Cae: ¿Qué recuerdas de tus primeras poesías o escritos?
Karina: La asociación creatividad/sufrimiento. Es un cliché espantoso, pero no por eso deja de ser auténtico. Además, eso es al principio. Luego te das cuenta que nada es tan terrible y el sufrimiento decae, por lo que buscas nuevas fuentes. O al menos así sucedió conmigo.


Cae: ¿Cuál es tu mejor momento para escribir? ¿Qué requisito tienes como indispensable para empezar a escribir?
Karina: El mejor momento para escribir es cuando sientes que el texto empieza a caminarte por el cuerpo, ahí me digo: Vamos a hacerlo correr.

No tengo requisitos, salvo tener un papel y un lápiz o algo similar.


Cae: ¿Cuál es tu inspiración?
Karina: La inspiración ahora es un momento menos frecuente. Lo último que he escrito es producto de observar e interpretar, es casi un ejercicio de dibujo, de encontrarle el ángulo al bodegón.

Cae: ¿Tienes reglas específicas para tus poemas?
Karina: No.

Cae: ¿En qué medio escribes, un papel, una computadora, lo grabas en audio?
Karina: Escribo sobre papel o cartulina, siempre a mano alzada.

Cae: ¿Qué sabes o qué imaginas de Chepén?
Karina: No se mucho.

Cae: ¿Qué esperas del Festival?
Karina: Espero que sea igual de bonito como me han contado amigos que ya estuvieron participando. Espero que la interacción con el público sea fluida y despertar interés por la lectura, en especial de poesía que es una rama menos acogida, a pesar de que Perú es un país de poetas.

Cae: Y para terminar la entrevista ¿Qué les dirías a las personas que aun no se animan a escribir o a leer poesía?
Karina: Que no lo hagan. Pero que lean algo de provecho, que se olviden un rato de la sección espectáculos y repasen la sección culturales. Que apaguen la tele unas horas y cojan un libro, sea de cuentos, poesía o una novela. Que entren menos al facebook y más a las bibliotecas. Que escribir no es para todos, pero leer es un deber y un placer delicioso. Que nunca es tarde para hacer lo correcto.



jueves, 18 de agosto de 2011

Entrevista a poeta Gonzalo Málaga

Gonzalo Málaga (Puno, 1968) vive en Lima y como muchos de nosotros probó un poco de la enseñanza clásica de la literatura para memorizar poemas que al tiempo nos la pintó como algo aburrido. Pero también sabe que cuando está dentro de uno algo nos dice que nos debemos arriesgar, que no debemos ponerle límites. Se deja entrar a la inspiración y debemos estar preparados que, como dice bien Gonzalo, cuando la poesía golpea, lo hace fuerte.


Cae: Les he contado a los anteriores poetas que mi recuerdo del colegio sobre la enseñanza de la literatura era una aburrida práctica de memorización, lo que tal vez me hizo alejarme un bien tiempo de las letras, en especial de la poesía porque me perseguían para aprenderme poemas para declamarlos sin sentimiento ¿Qué recuerdas de esos días en tu caso Gonzalo?

Gonzalo: Concuerdo contigo, en el colegio, más que clases de literatura, me encontré con el estudio de fichas de historia de la literatura… Algo árido y aburrido, algo que hubiera sido insoportable de no haber habido al mismo tiempo la lectura de algunos de los libros de los autores “fichados”.



Cae: Y entonces, ¿cómo nace tu pasión por las letras y por la poesía en particular? ¿Cómo fueron tus inicios?

Gonzalo: Leer era algo normal en la familia. Desde que recuerdo siempre hubo algo que leer en casa. Teníamos muchos diccionarios y enciclopedias y revistas de divulgación científica. No muchos libros de literatura, por algún prejuicio de mi padre sobre ella, pero sí colecciones de revistas con artículos muy bien redactados, como los de Selecciones. Creo que de esta es de donde nace el gusto por jugar con los matices de las palabras, por probar ritmos y dosificar la claridad o ambigüedad de lo que se dice, por expresarme con las palabras exactamente necesarias. La escritura vino luego, al final de un verano en que encontré que había leído ya todo lo que me interesaba leer de entre lo que tenía a la vista en casa, y me puse a buscar algo más, algo que encontré debajo de las escaleras, en un pequeño ambiente casi siempre cerrado. Allí hallé un par de maletas y dos cajas de cartón. En una de las maletas estaba, íntegra, una colección de Mundo Nuevo, la revista que entre 1962 y 1972, desde París, publicaba artículos y cuentos y poemas y adelantos de primeros capítulos de novelas de escritores latinoamericanos que iban apareciendo por esos días. Allí, entre muchos textos, leí el primer capítulo de Tres tristes tigres de Cabrera Infante y el primer capítulo de Cien años de soledad de García Márquez, y el primero de Rayuela de Cortazar, con comentarios que me ayudaron a ver a la literatura de una forma nueva, como algo hecho por gente viva. Aquello fue como descubrir que había más colores que los que hasta entonces había conocido. A partir de allí me picó el bicho de la escritura, y empecé por la poesía. Algo tuvo que ver también el contenido de otra caja, una colección entera de Life en Español. Life era una revista eminentemente fotográfica, que contaba con muy buenos fotógrafos. Sus reportajes, fuertemente apoyados por imágenes han sido también, me parece, determinantes para buscar, literalmente (y literariamente) un punto de vista personal al momento de escribir.



Cae: ¿Cuál es tu mejor momento para escribir? ¿Qué te inspira?

Gonzalo: ¿Cuál es el mejor momento para vivir, para respirar?... Todo momento es bueno. A veces el disparador es algo que se ve o que se oye en el momento, otras veces algo que se recuerda… Aunque debo reconocer que muchas veces me siento más cómodo escribiendo poco antes de irme a dormir o inmediatamente después de haberme levantado. El trabajo de corrección puedo hacerlo en cualquier momento.



Cae: ¿Cuáles son tus reglas para escribir tus poemas?

Gonzalo: La mayoría de las veces el poema me viene solo, no lo busco sino que me encuentra, e igual, puedo empezar a trabajar un texto a partir de un marco, de una limitación auto impuesta, una forma de esforzarme por forzar el idioma, por hacerlo capaz de liberar ideas, sentidos y sensaciones dentro de uno.



Cae: ¿En qué medio escribes, un papel, una computadora, lo grabas en audio?

Gonzalo: Cuando escribo narrativa prefiero la computadora, por la facilidad para editar el texto; para la poesía, en cambio, me siento más cómodo escribiendo a mano, sobre papel.



Cae: ¿Qué imaginas de Chepén?

Gonzalo: Imagino gente acogedora. Buenas personas que aman su ciudad… Trato de ir sin muchas ideas, encontrar lo que haya que encontrar, acercarme con los sentidos abiertos.



Cae: ¿Qué esperas del Festival?

Gonzalo: Que se de esa mezcla entre poesía y gente disfrutando de la poesía.



Cae: Hay una pregunta que estoy haciendo como para finalizar, pero que para muchos leerla será para iniciar algo… ¿Qué les dirías a las personas que aun no se animan a escribir o a leer poesía?

Gonzalo: Que se dejen sorprender. Hay muchas formas de poesía, y no hay dos personas que reciban un poema de la misma manera. Es una comunicación muy personal, que no es necesario forzar. Se da cuando debe darse, es como recibir una pelota que te ha lanzado alguien, si estiras la mano vas a hacer que rebote en ella y se te escape, es mejor recibirla haciéndole un espacio dentro de uno, retrocediendo un poquito para frenar el impacto, porque la poesía, cuando golpea, golpea fuerte.

lunes, 15 de agosto de 2011

Entrevista a la poeta Clara Vasco


El festival tendrá dos poetas extranjeros que participarán intercambiando arte con peruanos y público chepenano (y de todas partes). Así como el año pasado vienen desde Argentina, aunque para ser más exactos, Clara Vasco (1967) en su biografía detalla: 'Nací en Venezuela pero pronto nos fuimos a Buenos Aires, soy argentina'. Para nosotros poetas universales.




Cae: Hola Clara, bienvenida al festival y gracias por responder la entrevista, hay muchas personas que esperan conocerte. Como para iniciar te contaré un poco de lo que recuerdo de mis años del colegio, donde la literatura no era de mis preferidas porque la manera como se impartía resultaba una aburrida práctica de memorización. Por eso mismo, aprender las poesías antiguas con sus reglas de entonación y escritura se me hacía difícil y no le ponía atención
¿Qué recuerdas de esos días?

Clara: Vengo de una familia de escritores. En mi casa era cotidiano, o relativamente común, oír hablar de poesía, de poetas, de versos, de bibliotecas. Creo que a veces en la escuela primaria me sentía como llevando el estandarte de lo raro, de lo inadecuado, sobre mis hombros, en parte por el tema de la herencia literaria tan marcada.



Cae: ¿Qué te gustó y qué no de esa enseñanza? ¿Recuerdas alguna poesía en especial de esos días?

Clara: Yendo más a tu pregunta, sí me gustaba aprender poesías de memoria, aunque tengo muy buena memoria a corto plazo, y poca a largo plazo. Esos versos de F. L. Bernárdez “lo que el árbol tiene de florido/vive de lo que tiene sepultado”, me gustaban y me daban bastante impresión, por ejemplo.

Recuerdo también el cuento “La mancha de humedad” de Juana de Ibarbourou. Me encantaba y me sentía por supuesto, identificada con esa niña que veía cosas en la mancha. Me formé una imagen sobre la apariencia física del “inglés de los huesos” de Benito Lynch, me tocaron esos personajes tan humanos. Los poemas de Alfonsina Storni, de José Martí. Por mi cuenta en la época de la secundaria leía a Bradbury, a García Márquez, a Neruda, a Baldomero Fernández Moreno, a Juan Vasco, a Francisco Madariaga, a Edgar Bayley.



Cae: ¿Desde cuándo nace la pasión por las letras y por la poesía en particular?

Clara: Bueno como te comentaba, la poesía estuvo presente siempre en mi vida. La poesía de mi abuelo, la de mi papá, la de mi tío, madre, abuela… y la poesía de otros que nos acompañaba desde los estantes de madera en todas las paredes, que creaban un paisaje y una calidez difíciles de olvidar. Lo blando y el hierro. El desamparo y la presencia.



Cae: ¿Cómo fueron tus inicios? ¿Qué recuerdas de tus primeras poesías o escritos?

Clara: A los 15 o 16 años empecé a escribir algunas cositas, que guardaba celosamente en cajones y escondites. Unos años más tarde empecé a mostrarle algunas de esas cosas a mi mamá, que me ayudaba a corregirlas, y un día vino de visita el poeta Gianni Siccardi, que daba un taller de poesía en ese tiempo, y me dijo “tenés lindas imágenes, ¿por qué no venís al taller?”. Fui durante un hermoso año a su taller de poesía en el barrio de Once, esquina Lavalle y Ecuador. Allí se asentó gran parte la comunidad judía de Buenos Aires. Así que esos sábados estaban teñidos de las patillas enormes y enruladas de los religiosos ortodoxos que iban al templo, con sus niños prolijos, las mujeres con pañuelos en la cabeza y los sombreros y kipás. Eran tardes alrededor de una mesa amplia: el mate, el café. Leíamos a esos poetas que yo había escuchado nombrar en mi casa, muchos de los cuales no había leído aún. En mi casa mi curiosidad quedaba aplastada por la contundencia de los juicios ya formados de los cuales yo no me podía desprender. Me aferraba a lo dado con una fidelidad y una obediencia alarmantes. Y en el taller, lecturas, ejercicios con listas de palabras, descubrimiento de poetas, la vivencia de compartir lo íntimo. Y la camisa negra de Gianni con su melena blanca. su bigote y su barba blancos, su sonrisa redonda y pícara, su halo de mago y misionero, la religión de la palabra, el hombre y sus espejos. Una experiencia muy bella.



Cae: ¿Cuál es tu mejor momento para escribir?

Clara: Mi mejor momento para escribir es cuando algo me asalta, puja por salir, por ser dicho. El poema puede venir llamado por algo del entorno, una persona en el subte, un sonido, una chimenea en el cielo. O por algo que empieza a querer existir y nos tironea por dentro.



Cae: ¿Tienes algún requisito o condición especial para escribir? ¿Cuál es tu inspiración para escribir?

Clara: Siempre una emoción o un estado interior es el origen de un poema. El tema es cómo se nos manifiesta, cómo hace su aparición y puesta en escena. Es como una composición musical, pero de imágenes en vez de notas, que luego se representa con el lenguaje.

La necesidad de expresar con palabras surge también cuando, de repente, veo lo conocido de un modo nuevo (todo o algo de lo que me rodea). Entonces eso nuevo pide ser dicho, ser hablado, cobrar existencia. La batalla con las palabras es ardua pues así como entramos con ellas en éxtasis, así nos dan un portazo y nos dejan sordos, opacos, callados.



Cae: ¿Tienes reglas específicas para tus poemas? ¿En qué medio escribes, un papel, una computadora, lo grabas en audio?

Clara: No tengo reglas específicas para escribir, intento evitar algunas cosas, repeticiones, la obviedad. Luego continúo ese trabajo en la corrección. Intento que el poema tenga una coherencia interna. En general escribo en papel, y luego lo paso en la computadora. O a veces en papelitos sueltos, servilletas de bar… donde hay un espacio en blanco cuando llega una imagen y hay que plasmarla.



Cae: ¿Qué sabes o qué imaginas de Chepén? ¿Qué esperas del Festival de Poesía en Chepén @Chepén?

Clara: Sé que es una ciudad pequeña en Perú, a 10 horas de Lima en micro, con bastante influencia de la cultura china. Imagino que me encantará, que disfrutaré. Del festival, espero encontrarme con otros, compartiendo la alegría y el espanto de estar vivos. Espero poder ofrecer algo a alguien.



Cae: Para terminar la entrevista y hasta que nos veamos en Chepén pronto… ¿Qué les dirías a las personas que aun no se animan a escribir o a leer poesía?

Clara: A las personas que aún no se animan a escribir o a leer poesía les diría que empezaran leyendo, por ejemplo, el poema de Almafuerte “No te des por vencido ni aún vencido…”, a Pablo Neruda, o “Espantapájaros” de Oliverio Girondo.




Gracias Clara, nos vemos en Chepén en setiembre, trae el equipaje repleto de libros e ilusiones para compartir...

viernes, 12 de agosto de 2011

Entrevista a Poeta Ramiro Vicente


En esta segunda edición del Festival de Poesía en Chepén Chepén@ hicimos una entrevista a los poetas que llegarán, como para que los conozcamos un poco más y que nos cuenten cómo fueron sus inicios, cuál es su inspiración para escribir, etc.

Iniciamos con el poeta argentino Ramiro Vicente (Buenos Aires, 1973), quién muy gustoso nos contestó las preguntas leyendo desde su Blackberry, todo vale en este mundo loco y rápido, los medios de comunicación están para ser aprovechados.
¡Y me contó que ya estuvo en Chepén antes! Ahí les dejo la entrevista:

Entrevista de Ramiro Vicente desde Argentina para “Poesía en Chepén @Chepén.”

Cae: Recuerdo que en mis años del colegio la enseñanza de la literatura, así como de casi todas las materias, se daba de igual forma, una aburrida práctica de memorización. Y en ese proceso, aprender las poesías antiguas con sus reglas de entonación y escritura se me hacía una tarea difícil de digerir.

Ramiro, ¿qué recuerdas de esos días?


Ramiro: No mucho de la enseñanza del idioma que me apasionara en ese momento, aunque si era conciente de mi contacto con la literatura, pero a través de otras formas más populares, como las revistas de historietas, el diario y las enciclopedias y manuales, de los que era "habitué"... Historia y geografía eran mis materias favoritas en el colegio secundario...

Cae: ¿Qué te gustó y qué no de esa enseñanza?

Ramiro: Tuve el destino de ser alumno de un colegio tradicional y religioso de Buenos Aires, lo que con el tiempo generó rencores y contradicciones ya superadas... Recuerdo una formación estricta que valoré a través de los años, aunque también supe que era un alumno curioso e independiente, mucho más que otros...

Cae: ¿Recuerdas alguna poesía que te encantara cuando niño?

Ramiro: Recuerdo himnos patrios y cánticos religiosos en las clases de música... Hoy sigo concibiendo la poesía relacionada con la música...

Cae: Te contaré que en mi caso luego de pasado el tiempo mi afición por las letras se convirtió en pasión por escribir todo lo que venía a mi mente y lo que me sucedía para contarlo. Me empezaron a gustar los cuentos, los relatos y me lancé a escribir para encontrar un estilo. En ese camino me hice “blogger”, porque vi en la publicación de mis borradores en internet una manera de recibir críticas. ¿Desde cuándo es que te nace la pasión por las letras y por la poesía en particular?


Ramiro: Fui conciente de ello al finalizar el colegio secundario, cuando mi interés por la música me llevó a conocer a los poetas que escribían sus letras... Junto a mis amigos músicos, me di cuenta que lo que a mi me gustaba no era tocar un instrumento, sino escribir una letra... A partir de ese momento, empecé a estudiar y a dedicarme conciente y apasionadamente a escribir poesía...

Cae: ¿Cómo fueron tus inicios?

Ramiro: De experimentación y experiencias... Tuve un profesor que me enseñó el costado lúdico, que me quitó el miedo y me dio confianza... De allí, el paso siguiente fue cursar una carrera que me encaminara al mundo de las letras... Ya todo era leído y devorado por mi con pasión...

Cae: ¿Qué recuerdas de tus primeras poesías o escritos?

Ramiro: Recuerdo mucha inspiración, muchas ganas de escribir... Como decimos en Argentina, de "comerme la película", quería ser eso que estaba sembrando...

Cae: Hoy, he encontrado en los relatos de las “cosas que suceden” una forma de expresarme y he escrito estando en cualquier lugar, las ciudades tienen un estilo de vida de rapidez, mis momentos se adaptaron a la urbe con sus particularidades, música, internet, televisión, etc. Cosas de los nuevos tiempos. En tu caso ¿Cuál es tu mejor momento para escribir? ¿Tienes algún requisito o condición especial para escribir?

Ramiro: No hay un momento... A veces prefiero hacerlo de mañana, ya que estoy más fresco y "clean"... Pero a veces me gusta hacerlo de noche, más "intoxicado" por toda la jornada...

Cae: ¿Cuál es tu inspiración para escribir?

Ramiro: Los viajes, la música, la misma poesía, y las experiencias humanas y sociales... Sigo amando la historia y la geografía, como en el colegio...

Cae: ¿Tienes reglas específicas para tus poemas?

Ramiro: Cada texto o libro tiene sus coordenadas: una música, un estado de ánimo, un disparador, y soy partidario de esperar que eso aparezca en el poema, de respetarlo... Pero varían las formas, ¡las obsesiones no tanto!

Cae: ¿Y de qué medio te vales para escribir?, ¿un papel, una computadora, lo grabas en audio?

Ramiro: Computadora, pero corrijo con lápiz y papel...

Para finalizar. ¿Qué sabes o qué imaginas de Chepén?

Ramiro: ¡Conozco Chepén! Estuve en 2008, aunque sólo recorrí unas pocas cuadras... Debo sorprender a varios...

Cae: ¿Qué esperas del Festival de Poesía en Chepén @Chepén?

Ramiro: Fraternidad, cordialidad y alguna lectura bajo el hermoso cielo chepeneano...

Cae: ¿Qué les dirías a las personas que aun no se animan a escribir o a leer poesía?

Ramiro: Es difícil decirles, parece más una decisión personal... Pero en todo caso, ¡que se compren un pasaje y viajen por donde puedan!


miércoles, 10 de agosto de 2011

Festival de poesía en Chepén

(Los poetas de la primera edición 2010)



Cuando finalizó la primera edición del "Festival de Poesía en Chepén @Chepén" ni siquiera tenía la etiqueta de "primera". Lo que muchos no saben es que se pensó hacer un único festival que traiga a la ciudad de Chepén un evento gratuito, libre, distinto y de gusto limitado (cuánto se daría porque no fuese así y se dijera popular), que además sugería una serie de inconvenientes en un país donde la cultura todavía no tiene un lugar entre las prioridades. Al terminar ese festival del 2010 Julia miró al cielo, luego puso ese rostro oriental con el que suele armar una revolución y me dijo "No Cae, no hay segundo round".


Ese mismo día se terminó todo y los poetas viajaron a sus destinos. Regresaron felices de una ciudad que los acogió con cariño y que disfrutó de su arte. Todos esos días, que por causas del destino, se confundieron con la época de elecciones municipales, salieron bien para el público y nuestros invitados. Las personas que en algún momento dudaron del festival aplaudieron, también regresaron a casa con poesía danzando en sus cabezas. Pero nada había sido tan fácil y comprendo la locura y ansiedad de Ju al momento de organizar el evento, ella seguramente comprendía mis negativas a algunas propuestas, luego que ya todo había finalizado. Convencer a las personas de escuchar poesía, no es una tarea igual a la de ofrecerles un concierto de cumbia.


Luego de un año recibí la llamada de Ju, "¿Me ayudas en otra locura?", me dijo. "Sí claro, locos ya estamos", le dije. Tanto así como todas las personas que sin dudar un segundo aportan a la realización del festival, muchos solo por querer que Chepén aprenda nuevas y mejores cosas, otros simplemente porque son amigos, pero todos compartiendo el mismo deseo irracional (pero satisfactorio al final) de difundir el arte aun en contra de la corriente.


Y aquí estamos, nos vamos a la "Segunda Edición", con los mismos problemas grandes y molestos, con las mismas dudas e indiferencia de algunos, pero con todas las ganas locas de plantar una semilla, o como diríamos en tiempos como estos, de cambiarle el 'chip' a la gente.


Queremos agradecer a todas las personas e instituciones que apoyaron a la realización de este evento. así como a los primeros poetas que llegaron al Festival:
Carlos Aldazábal y Silvia Castro, ambos de Argentina. A Denisse Vega Farfán, chimbotana. A Michael Melchor y Willy Gómez Migliaro de Lima, así como a Cecilia Podestá, ayacuchana radicada en Lima.


Miles de gracias por aun estar con nosotros en esto.


Y esperamos con ansias a nuestros nuevos invitados:
Ramiro Vicente y Clara Vasco, de Argentina. A Juan de la Fuente, Gonzalo Málaga, Karina Varcárcel y Vanessa Martínez de Lima.



Están todos invitados del 2 al 4 de setiembre del 2011, en Chepén @Chepén.




Facebook oficial del Festival: Poesía en Chepén @Chepén.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Donde no me gusta ir

Hay algunos lugares que no me gusta visitar, cosas que no me gustan hacer y de poder las obviaría. Por ejemplo visitar al dentista, ¿a alguien sí? Creo que a nadie ni así sea tu papá, y de ser el caso me disculparía de visitarlo muy de tiempo en tiempo para ni siquiera oír el taladro que atiende a un afligido paciente. Debo confesar que le debo una cita al odontólogo hace más de un mes por una endodoncia que pagué pero que me rehusé a continuar porque no me encontraba las ‘raíces’ del molar en varias sesiones, lo que significaba que debía seguir recordándole a su persona más querida mentalmente, una y otra vez al ritmo del bendito taladro. Me disculpo con mis amigas que van a tener sus consultorios algún día, las visitaré, fuera de ahí.


Tampoco me gusta ir al médico porque prefiero vivir con lo que tengo ―un mal funcionamiento lo tiene cualquiera― a saber que requiero de algún tratamiento largo y costoso, o lo que es peor, como en novela mexicana que solo me quede una semana hasta quedar frío. Los hospitales me dan alergia, no le temo a la sangre o a ver alguna herida, pero no creo que hubiese podido estudiar y ejercer esa carrera. Prefiero ver a las lindas doctoras o enfermeras de blanco y sonriendo, pero sin alguna inyección con mi nombre.


He desistido de ir a un cementerio porque me deprime y pienso que hay muchos más días tristes o difíciles en un año que los felices ―que podrían contarse con los dedos― por lo que la pienso mucho y al final me quedo en casa antes de ir ese sitio. Deseo que al morir me desaparezcan rápido y que no se exijan en ir a ‘verme’ con flores muy seguido, mucho menos que usen ropas color negro, a no ser que sea la moda.


Algunos de estos lugares y muchas cosas más son las que aborrezco visitar y hacer, he tratado siempre de sacarlas de mi agenda, como sea, pero lo penoso del tema es que luego de un tiempo se hace complicado, hay que ir a alguno de estos lugares sin querer, por obligación de la vida, ¡y cómo molesta ir o estar donde no se quiere! Y el tiempo pasó, ya es más de un mes desde la última vez que me corté el cabello y ese es otro de los lugares donde no me gusta ir, luego de entrar nunca se sabe cómo saldrás.